sergio rodriguez portafolio

DESCUBRIR LA CIUDAD
Por Rosaura Barahona
Publicado en El Norte
25 de Junio del 2002
Monterrey, México

El verano regiomontano es agobiante: al calor que empieza desde abril se añade la ruptura del ritmo habitual de la casa, provocada por las vacaciones de los hijos.

Quienes tienen una acción en algún club deportivo la desquitan y los envían ahí todo el tiempo posible.
Hay, también, innumerables campamentos de verano, talleres y cursos, pero pagar cuotas extras altera el presupuesto familiar. Quienes pueden darse el lujo de tomar vacaciones deben hacer algunos ahorrillos para salir con un poco más de holgura.

No es extraño, por eso, ver a las mamás y a los papás desesperados por estos días. No saben qué hacer con sus chavitos. Ni el papá ni la mamá (salvo contadísimos casos) pueden darse el lujo de hacer a un lado sus obligaciones cotidianas para dedicarse a jugar y a entretener a sus hijos. Es decir, a sus respectivas chambas deben añadir hijos de tiempo completo durante dos meses.

La edad (y la lata) de los hijos varía. Si están en la adolescencia, tenderán a dormir, comer, hablar por teléfono, ver tele, jugar “PlayStation” o algo similar; si son más pequeños, correrán todo el día e inventarán travesuras con el mayor grado de creatividad posible.

Si hay patio o jardín, el problema será menor, pero si están todo el día en la casa, el nivel de tensión aumentará poco a poco. Antes de quince días, las mamás regiomontanas estarán rezando a Santa Escuela para que haga el milagro de volver pronto, pero mientras se cumplen sus deseos, también ellas deben ser creativas y, sobre todo, muy pacientes.
Podrían aprovechar la ocasión para ayudar a sus hijos a descubrir la Ciudad y para, de alguna manera, redescubrirla ellas mismas.

En este momento, hay una manzana maravillosa al frente del Museo Metropolitano. Es el que está entre la Macroplaza y la Placita Hidalgo. Afuera hay una manzana enorme hecha con botellas llenas de un líquido rojo. Esa manzana anuncia otra gigantesca que seduce a quien la ve, adultos o niños, armada en el patio central del propio museo.
El autor de las manzanas es el talentoso Sergio Rodríguez. Tal vez usted no lo ubique de inmediato, pero si le digo que es el autor de esas maravillas que aparecen afuera del corporativo de Vitro en Navidad, hechas siempre con botellas o vidrio, lo identificará perfectamente.

De Sergio ha sido el pino gigantesco, los ángeles cantores, los regalos, las esferas, la piñata y otras bellezas que nos convierten en niños en cuanto las vemos. Aunque la capacidad de asombrarnos con un juguete nuevo se va perdiendo conforme crecemos, al madurar sustituimos los juguetes con otras cosas que nos ayuden a mantener el entusiasmo por algo, pero el acercamiento a menudo es ya más racional.

Sin embargo, cuando Sergio y Vitro nos regalan esas instalaciones tan increíbles y efímeras, nuestro espíritu regresa por un momento al mundo de la inocencia y contempla con ojos limpios aquellas obras que nos rebasan en tamaño y nos abrazan con su calidez y su misterio incontrolables.

¿Y sabe cuál es, entre otras cosas, lo maravilloso de ellas? Que están hechas con material que a diario tenemos en nuestras manos.

El sábado nos fuimos de museos mi esposo y yo y, después de visitar el MARCO, nos pasamos al Metropolitano. Además de la exposición de Sergio, ubicada en el segundo piso y llena de obras deliciosas (las estalactitas, los lirios, el sol, en fin…) hay, a la entrada, dos más: una sobre la historia de la escritura y otra, de esculturas.

La de esculturas se agradece aunque sabe a breve: hay dos de Miriam Medrez, dos de Azcúnaga y otra de Cristina Garza.
El MARCO, que piensa mucho en sus visitantes pequeños, tenía una exposición de Chillida. Espero que no se la haya perdido porque fue excepcional. Ahora acaba de inaugurar la de GEGO que gustará a los adultos y a los niños.

Si lleva a sus hijos a visitar el MARCO, ojalá tenga la paciencia de explicarles por qué el edificio es algo bello en sí mismo. Enséñeles la importancia del espacio en relación con nosotros: hágalos reflexionar, con sencillez, sobre cómo se sienten cuando están en un lugar pequeño, atiborrado y desarreglado. Cuando se lo digan, pregúnteles cómo se sienten ahí, en el edificio de altos techos y enormes espacios.

Los niños llevan dentro más información y conocimientos de lo que muchos adultos suponen, y si usted les da la oportunidad de expresarlos y los encauza para que ordenen sus pensamientos y sensaciones, es decir, sus ideas y sentimientos, la experiencia les resultará inolvidable. No les dé clase, encamínelos para que ellos descubran lo que su mente y su espíritu están ya listos para descubrir. De todos modos, lo demás lo pasarían por alto.

Y luego, otro día, lléveselos a la Biblioteca Magna. Ahí está la obra de gran formato de nuestro insólito Gerardo Cantú. ¿Qué le puedo decir? Es una obra que podría estar colgada en cualquier museo del mundo. Ya hablaremos de él.
Hay muchos sitios a donde ir y qué ver, no sólo la carretera nacional. Búsquelos, no se arrepentirá.


Warning: Unknown: write failed: Disk quota exceeded (122) in Unknown on line 0

Warning: Unknown: Failed to write session data (files). Please verify that the current setting of session.save_path is correct (/tmp) in Unknown on line 0