sergio rodriguez portafolio

PEQUEÑO RETRATO DE GRANDES OBJETOS
Publicado en Movimiento Actual
Por Giampiero Bucci
2003
Monterrey, México.

Una conversación con Sergio Rodríguez

Sergio Rodríguez expone en el Museo Metropolitano de Monterrey unas obras de esas que no se olvidan, y quisieras ver más seguido. Son objetos naturales, o tal vez hipernaturales: una manzana de cinco metros por cuatro, y una estalactita-estalagmita de más de cuatro, que baja del cielo negro en un brilloso lujo de cristal. Objetos naturales, si, pero compuestos de miles y miles de objetos artificiales: la manzana está hecha de botellas de Joya roja: cuantas veces las hemos tomado sin sospechar su explosivo potencial formal…  prendida, al atardecer, es un sueño de niños, una enorme navidad golosa. Las botellas de la estalactita, vistas de cerca, son esas botellitas de salsa picante que usamos a diario, y allí están, a millares, sujetadas, moldeadas en las sinuosidades de la naturaleza. La sala de la exposición, totalmente pintada de negro, permite a las luces concentrarse en las sorpresivas formas del vidrio. De algo tan ligero se percibe de inmediato toda la fuerza recóndita, y se recuerda la vocación compositiva de las formas elementales. Cuando vuelves a la manzana, en el patio interior del palacio, y te acercas para la foto inevitable, te sientes como al microscopio, admirando el orden perfecto de las células de vidrio. Y la capacidad de Rodríguez de ensamblarlas con precisión, porque las estructuras interiores deben de ser otra joya, esta vez de ingeniería  (lo que no está mal en un regiomontano): se siente una mano maestra trabajando por una creatividad peculiar, hecha al mismo tiempo de rigor geométrico y frescura infantil.

La manzana, a primera vista es una obra que te da alegría. Y te hace pensar, también. Te recuerda todo el aspecto lúdico del arte de ahora, te recuerda el frutero de tu casa, el regalo a la maestra, el postre, un mundo de objetos cargados de deseo que prometen placer y ahora se exalta en dimensiones fantásticas. Sí, la plástica de ahora puede restituir el objeto a su unicidad simplemente agrandándolo a la medida de las fantasías. Siento como una desenfadada operación  conceptualista en esto, como una invitación a reflexionar sobre la experiencia de la percepción. Me gusta ver todo esto en un contexto placentero, como si Rodríguez supiera que el lugar más adecuado para liberarse de esquemas mentales desgastados no tiene que ser necesariamente siniestro. Toda lo solaridad de la manzana, parece el efecto de una complicidad lograda entre la pureza luminosa del material y lo elemental de la forma. Sergio logra multiplicar las tonalidades del rojo aunque el color sea único, tal vez la luz captura el amarillo del logo y nos proyecte un tono más cálido que acentúa el carácter del fruto tentador. De la misma manera operaban los pioneros del Popart, que utilizaban elementos de consumo comos se veían y se deseaban cotidianamente, en todo el resplandor de sus colores optimistas.

La mirada de Rodríguez restituye a las cosas las formas perdidas, las formas de la infancia, cuando nos tirábamos al suelo y nos acercábamos al objeto, en lugar de acercarlo a nosotros. Siempre he pensado que las selvas aparecieron a Rousseau, el futuro Aduanero, cuando de niño jugaba a este juego en el zacate. Más la magia de la manzana es otra: no te envuelve, se impone. Parece caída del cielo, de la mano de un gigante niño o de las bolsas de Gulliver. Por un momento te hace dudar: ¿y si fuera ésta, la verdadera dimensión de las cosas? Sus objetos gustan a los niños y despiertan el niño en el adulto, saben llegar más allá del tiempo y la educación. Una singular nobleza de su arte.

Rodríguez ha andado mucho por una región de la memoria donde hay muchas memorias: la navidad, el día del Niño rey. Sus enormes ángeles, sus velas, sus esferas traslúcidas, en Charleroi, al  Noël des Créateurs, han llegado directo al público, que le ha otorgado el Coup de Coeur, el premio más valioso, el suyo. Así lo conocemos en Monterrey, donde ha expuesto en galerías y espacios públicos. Metal, vidrio y sobre todo luz, luz y color son, entre sus elementos, lo que más hemos visto. Pero por las manos de Sergio pasa de todo, trabaja con vasos de plástico y cera, con hule espuma, alambre y papel, con tapas de botella y cuentas de vidrio. Trabaja con piedra y con madera. Como si los objetos ya no se dividieran en naturales y artificiales, y fueran todos elementos de un ambiente donde la espontaneidad y la reflexión se sostienen mutuamente.

Pero no todo es brillo y navidad. En esta exposición hay otros objetos, más secretos, que parecen llegar de otros tiempos y continentes. Son formas de alambre perfectamente amarrado, campanas y racimos de flores cuya torsión sugiere formas orgánicas combinadas con cuentas de cristal y piedras. El manejo del espacio vacío con el alambre, produce, como en Saturno, o en Sol negro, sombras que, proyectándose sobre muros blancos y espejos, terminan ocupando otros planos. En estas obras, además de la luz, entra en juego la sombra, cosa que no habíamos visto en las producciones anteriores de Rodríguez. Y hay otra novedad en su actual producción: en la Medusa, y en Viaje al centro de un planeta, por ejemplo, aparece la cera. Rodríguez rescata objetos, los asocia, los somete a inesperadas armonías, los libera del peso de lo obvio.

El legado de Duchamp para nosotros es la capacidad de ver el otro lado de las cosas. De esta manera se moldea nuestra fantasía como la espontánea capacidad de desordenar  las cosas y reordenarlas, cuando es necesario y se da. La famosaBiciverde, de 1998, que parece un divertido mensaje al maestro, utiliza botellas en lugar de rines, pero ahora la imaginación de Rodríguez se concentra más en las formas naturales, como lo vemos en su Mesa con lirios y en su Bólido con flores.También lo cinético aparece en sus obras actuales. En El volcán el alambre, como en Gego, describe líneas y sombras, pero con un color y un toque primitivo que orienta las formas hacia lo curvilíneo, este aparente primitivismo contrasta pero también se entrelaza con lo conceptual, como en Aire, donde un prado de alambre tieso como hierbas al viento aparece movido por un abanico encendido: el espectador que pasa, al percibir el viento, se incorpora a la obra y siente como si la hierba fuera agitada por el mismo soplo.

Sergio parece el primero en sorprenderse de todo lo que se puede hacer con los objetos comunes, y el resultado es contagioso, después no se vuelve a ver con los mismos ojos. El surrealismo nos ha enseñado una cálida simpatía con los objetos, junto con una segura desconfianza en su realidad inmediata. Esta libertad para con las cosas la podemos sentir con inquietud u olvido, pero es muy nuestra. Sergio se mueve con soltura entre los materiales porque lo mismo hace con los estilos, las ideas y las corrientes. Así son nuestros tiempos, aquí él se mueve como pescado en el agua. Vital para el artista, la sorpresa es hielo para el público: nosotros no debemos de sorprendernos, porque todo el arte de hoy quiere que se espere de él cualquier cosa, o se hace invisible. En los tiempos de Ortega el público se dividía entre los que entendían y los que no, ahora se divide entre los que se sorprenden y los que no. Éstos son los más receptivos, porque sienten que el arte ya no quiere ser sagrado, ni los artistas quieren ser  sacerdotes. Y los como Sergio, menos. Gente que, sin siquiera saber los unos de los otros, en otros tiempos y lugares van haciendo cosas que con las suyas tienen cierto aire de familia.

FOTO DE GRUPO CON PEROS

Primer pero: no estoy hablando de una escuela………. ¿De quién estoy hablando? De  Toni Cragg, por ejemplo, que hace pirámides de miedo con objetos reciclados, pero son objetos que  inquietan, mientras que los de Sergio alegran………. Keith Edmer e Isa Genkzen también magnifican objetos naturales, pero con intenciones realísticas lejanas de las de Sergio, que son más bien oníricas……….. los ratonzotes enroscados de Katharina Fritsch y los angelotes de Rodríguez estarían bien en una batalla final entre el bien y mal: Hasta aquí su parecido…….. con Julián Opie, Sergio sí comparte más, como el uso de materiales hechos a máquina y la integración de luz y transparencia. Pero Sergio entretiene con su obra una relación cuerpo a cuerpo, la crea físicamente, no la manda a hacer, y además sus luces son lúcidas, no de frigorífico.

También con Warhol hay diferencias visibles: en Coca Cola verde (1962), el efecto estético se da por el objeto en sí, Sergio, en cambio, está más atento a sus formas elementales.

En suma, es un artista difícil de ubicar, pero hay que hacerlo, si lo queremos encontrar. Es un pop-artista povero-minimalista que tiende a conceptual. En éste campo, nos ofrece una deliciosa invitación con  toques lúdicos en Un barco cargado, cargado de… pero también nos muestra a un Sergio que protesta en: ¿Y el planeta? (O de cómo se está calentando la tierra) y en ¿Porqué rueda por las calles? . Existe un proyecto suyo  que es una fila de personas donde las personas se han ido, y quedan los zapatos: algo que hace pensar, con un fuerte contenido de crítica social.

Resumiendo:

A)   Usa materiales con absoluta libertad, y la repetición redunda en inmediata identificabilidad.

B) Sus obras son sin escala, pudieran construirse en centímetros o     gigantescas.

C) Reduce las formas a lo esencial, con mayor interés hacia las formas orgánicas.

D) Luz, movimiento y color son constantes en su obra.

E)    Muestra una sensibilidad primaria que se comunica como calidez. Aún cuando protesta, lo hace con ironía.

Y ahora que sabemos donde podemos encontrarlo, podemos ir a conocerlo. En persona.

EN EL TALLER……….

Sergio Rodríguez  se parece muy poco a la foto suya que había visto, me  recuerda más bien a Ben Kingsley en Gandhi, y detrás de los lentes la mirada es directa, cuando habla te ve a los ojos, no aparta los suyos para ver la hora o detrás de alguna distracción. Más que preguntas hay argumentos en el aire. Me gustaría saber cómo ha comenzado. ¿Acaso una persona no es su historia? Mientras tanto el ambiente me va diciendo cosas. El escritorio, ladrillo milpa y madera color pueblo-del-norte, puede haber sido puerta, o puede ser un producto de su fantasía. Detrás del plástico traslúcido, que refleja la luz de la computadora está el taller, y el gran banco de madera donde Sergio y sus colaboradores pegan, recortan, moldean, en una atmósfera que me ha recordado la de las bodegas de los artesanos de mi tierra, tipos que cuando hay que trabajar se trabaja, pero siempre hay tiempo para un café. Por eso es fácil saber algo de Sergio sin necesidad de hacer tantas preguntas. Si me pongo a hablar de vocación, seguro se pone a reír…… mejor tomarla de lejos, de la infancia. Claro que sí: de niño recortar, pegar, colorear eran su juego preferido. ¿Y no decía Freud que los deseos que conviene satisfacer son los de la infancia? A muchos niños el encuentro con el “daimon que rige nuestras vidas” los sorprende en soledad. A Sergio no, Sergio tiene un aliado en su padre, que ha sabido ver en él su amor para con los objetos,  que se los regala escogiéndolos por su belleza. Es un hombre capaz de hacer ambiente para el arte, lee buenos libros y escucha buena música, y cuando ve que la inquietud del hijo es madura, la guía hacia la pintura. Aún así, los primeros pasos de Sergio en el arte son pasos de danza, danza y actuación como disciplina del cuerpo y seguimiento de rítmicas en el espacio; solo después vienen los estudios de escenografía, la rítmica del espacio. La carrera de arquitectura le proporciona la capacidad técnica de diseñar y realizar estructuras complejas, con problemas de resistencia de materiales. En fin, al momento adecuado, llega la propuesta de la museografía, soluciones de luz en grande……. todo combina para construir al Sergio Rodríguez que conocemos, para un camino atravesado por oportunidades que han llegado para quedarse…….

… ASÍ HABLÓ SERGIO

Tengo muchas preguntas en la mente, pero no puedo dejar de pensar en la manzana: ¿Cuánto tiempo tardaste para hacerla?

“Para el montaje teniéndolo todo… fueron casi veinticuatro horas… pero con un ejército… ¡Claro!…Aquí trabajan conmigo tres personas que me ayudan a montar… y cuando  tengo montajes de este tipo, hay otra gentes que me ayudan… sobrinos, hermanos, amigos… para la manzana trabajamos veinte gentes…”

El proyecto del alambre, el interior de la estructura… ¿Es tuyo?

“Así es, todo lo técnico. Yo cuando empecé  a trabajar esta técnica, hace como nueve años,  me decía: …no sé porque a nadie se le había ocurrido esto antes, si no tiene ciencia…”

¿Pero la dificultad técnica?, esto  no debe ser  fácil…

“A mí se me hace muy sencillo y de repente hay gente que lo ha querido hacer y no le sale…”

¿Y cuántos años tienes de trabajar en el arte?

“En producción… nueve años.”

Pasemos a preguntas del pasado… ¿Dónde están tus raíces?

“No sé… ahorita te cuento mi historia… y es una amalgama extraña… pero muy coherente. Yo desde  chavito siempre, llegaba el primer día a la escuela… y de inmediato preguntaba: ¡maestra! : ¿Cuándo nos toca la asamblea?   ¿Y cuándo nos toca la clase de artísticas?… y me decía, mijito espérate… vamos a sentarnos primero…  Yo estaba en todas las asambleas y un día cantaba y otro bailaba y en otra ocasión recitaba…”

¿De pequeño quién te apoyó?

“Bueno, mi  papá.  Era un hombre muy sensible y culto. Sabía y escuchaba buena música. Él me veía aptitud para la pintura. Yo quise estudiar arquitectura. Mientras, en la prepa, empiezo en un grupo de danza y hago teatro, pantomima, y coreografía. Hasta hice teatro profesional. Fue aquí donde empecé a meter mano, a veces, en la escenografía… Seguí estudiando arquitectura, diseño dos o tres casas y cuando salí de arquitectura, entro a un despacho de museografía… y a los tres años decido trabajar por mi cuenta con proyectos míos, con mis nuevas propuestas…”

¿Y cuándo empiezas a trabajar con botellas?

“Las botellas desde niño a mí me gustaban mucho. Juntaba botellas y llenaba estantes. Ahora, mi principal material para trabajar son las botellas de vidrio, vasos desechables, metales, alambre…  arte pobre… pues es como mi escritorio ¿no?… Yo  no me veo con un escritorio de bronce, o de maderas finas… así soy yo, tengo que hacer cosas con cosas…entonces… ¡tengo que hacer algo con botellas! me digo…y lo primero que se me ocurre es la  navidad, porque yo tengo algo con la navidad, que viví desde niño. La navidad era muy celebrada en mi familia: muy padre, todos  muy unidos… y mi papá era de detallazos, dulces americanos, regalos debajo de la almohada, sorpresas, juguetes:  a propósito de juguetes, no creas que nos los daba así nada más… dibujaba mapas del tesoro la búsqueda  era ya  una fiesta en si..  yo siempre guardé las cosas, las cuidé… y mi papá decía: -ten esto, porque tú eres el único que lo va a atesorar-  … y tenía razón, todavía lo hago… Cuando me dieron el tema de la Navidad, decidí hacer un pino con botellas transparentes…lo pensé, hice las pruebas y para mí resultó lo más fácil del mundo……..  Dibujé la estructura, las botellitas amarradas… y me dijeron: -Tú estás loco-. ¡Pero aceptaron!.”

Cambiando de tema, y volviendo a tus piezas con alambre:  mucha gente te relaciona con Gego…

“Déjame te cuento una anécdota: la noche de mi inauguración, yo no sabía quien era Gego, ni  sabía que iban a presentarla en Monterrey, y esa misma noche la nieta y la hija de Gego fueron a mi exposición y  me felicitaron por mi obra,  la hija me dijo que mis obras le recordaban mucho el trabajo de su madre… es cierto, hay cosas en común, el alambre, primero que nada, y el movimiento. Yo manejo mucho las esferas y Gego también, aunque de otra forma.”

Me llama otra vez la atención la manzana… ¿ Qué más nos puedes decir de ella?

Es una idea que tenía desde hace tiempo, tenía muchas ganas de realizarla,  me imaginaba la magia de la luz através de transparencias rojas… veía la luz naciendo desde adentro del objeto multiplicada por las facetas del vidrio, de hecho, estás botellas, permitieron con sus formas disfrutar mejor los juego s de la luz, el color del refresco de fresa resulto el rojo perfecto para darle vida e intensidad a la pieza… ves la manzana y ¡te da alegría!

Sabemos que la manzana se va a mover del Museo Metropolitano. ¿Dónde te gustaría que estuviera?

“En un espacio abierto donde cualquiera pueda ir a verla sin tener que cruzar puertas o pagar…”

Y ¿qué otros proyectos tienes para la manzana?

“Yo quería hacer un Performance  con la manzana, abejitas y gusanos, pero veremos… sin embargo existe un gran proyecto con Joya de crear otras frutas, ya ves todas las que maneja… que acompañarían a la manzana y la superaría en mediadas.. imagínate una piña en proporción con la manzana… ¡sería estupendo!”

Tres artistas de tu misma área que quieras nombrar…

“Perla Krauze… Isa Genzken… Sofía Tabeada… hay otros también, pero soy muy malo para los nombres… Lo que sí sé, es que nadie hace con botellas lo que yo hago.”

Bibliografía

Celant, G., Arte povera, Millán, 1985.

Francalanci, Ernesto L., Arte del novecento. De Agostini, 1987.

G.C. Storia dell’arte.

Grosskamp, Walter, Art in the twentieth century: Painting and sculpture 1905-1985, Londres Royal Academy, 1985.

Lippart, L.R., Pop art, Millano, 1967.

Menna, F., L’arte concepttuale, Millano, 1991

Rosenberg, H., Pop art, La s-definizione de l’arte, Millano, 1975.

Autores varios, Anni Ottanta, Millán, 1985.

Autores varios, Art at the turn of the millennium, Editors Burkhard Riemschneider, Uta Grosenick, Taschen, Italy, 1999.

Giampiero Bucci (Roma, 1951)

Estudió filología clásica y filosofía. Actualmente es maestro de historia de las ideas estéticas en el posgrado de Artes Visuales de la U.


Warning: Unknown: write failed: Disk quota exceeded (122) in Unknown on line 0

Warning: Unknown: Failed to write session data (files). Please verify that the current setting of session.save_path is correct (/tmp) in Unknown on line 0